Querido YO, hoy es el Día Mundial de Internet
que se instauró en Túnez, en 2005, para dar a conocer las posibilidades que
ofrecen las nuevas tecnologías en la mejora del nivel de vida de los pueblos y
de sus ciudadanos.
Convendrás conmigo que, cuando echamos a rodar
la memoria, es relativamente reciente la proliferación del uso de los sistemas
de información convirtiéndose en un elemento cotidiano en nuestras
vidas. Si intento recordar cuándo fue la primera vez que conocí un PC u
ordenador personal, manejé un teclado o empecé a aprender a utilizar un ratón
de ordenador, no creo que llegue al cuarto de siglo. Porque, hasta no hace dos décadas, en las oficinas,
en mi caso bancarias, seguíamos utilizando la máquina de escribir y el papel de
calco. Y, los primeros procesadores de texto que manejé, eran de una
tecnología que nada tenía que ver con los que ahora utilizamos.
Las comunicaciones las llevábamos a cabo
mediante el teléfono fijo y, en determinados lugares teníamos fax, para
transmitir imágenes vía teléfono. Los primeros teléfonos móviles que utilice,
creo que fue hace veinte años, desde que empezamos a verlos y solo nos servían
para hablar y escuchar y, posteriormente transmitir mensajes mediante SMS. El
tamaño y el peso eran considerables, pero era un avance. Y, si sigo pensando en
ello, los smartphone o teléfonos inteligentes, hace pocos años que empezaron a
ser habituales en nuestros hogares, al igual que las tabletas y los ordenadores
portátiles. En poco más de dos décadas ha sido un avance tan espectacular el
que se ha producido en los sistemas de comunicación, que si nos ponemos a
analizar el fenómeno que se ha producido, es difícil valorarlo objetivamente.
Antes salíamos de casa o a algún viaje y hasta
que no llegáramos a nuestro destino, estábamos incomunicados habitualmente.
Hoy, si salimos a la calle y se nos olvida el móvil en casa, parece que nos
falta lo principal, como si estuviéramos en una isla desierta. Las personas,
parece que ya no sabemos comunicarnos mediante la charla o la conversación. Nos
resulta más sencillo hacerlo mediante los WhatsApp o el correo electrónico, ya
que el propio terminal telefónico se ha convertido en un potente ordenador
desde el que realizar todo tipo de operaciones y comunicarse con cualquier
lugar del mundo. Todo está contenido, para bien o para mal, en ese pequeño
aparato, que últimamente están pretendiendo aumentar de tamaño y que cada día
tiene una pantalla más nítida y de mayor resolución y calidad de imágenes.
Y llegados a este punto de la conversación, se
me ocurre preguntarte, como veía el otro día en un titular de prensa, creo que
digital: ¿qué ocurriría si de un día para otro desapareciera Internet o se
vinieran abajo todas las redes de comunicación? Ya, ya sé que es muy difícil
imaginarlo o predecir lo que sucedería. Porque, convendrás conmigo que, bien
utilizados, los sistemas de comunicación e información son “gloria bendita”,
pero su utilización en exceso provoca adicciones peligrosas, al tiempo que nos
llevan a una falta de comunicación personal, es decir, de persona a persona,
peligrosa por el aislamiento que provoca y ese encerrarse en uno mismo, porque
parece que ya no nos hace falta nada: ni libros, ni diccionarios, ni discos, ni
películas, ni salir y relacionarnos, ni pedirle al vecino o al amigo consejo o
información sobre esto o aquello. ¿Es así o me equivoco? ¿Por qué no me
contestas? ¿Es que estás dormido? ¡Ah! ¿Me dices que te da igual? Bueno, quizás
esté llevando las cosas a un extremo que solo se me ocurre a mí. Lo pensaré.
Disculpa. Por cierto, si esto sigue al mismo ritmo, ¿te imaginas lo que puede
ser la comunicación entre las personas dentro de diez o veinte años?

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