AUNQUE SOY DE LA MANCHA NO MANCHO A NADIE

Recopilación de artículos sobre Manzanares

sábado, 27 de julio de 2019

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 19




¡Que se vayan a la porra!

- Una pregunta: ¿Qué te parece lo de las sesiones de investidura para la Presidencia del Gobierno, de estos últimos días?

- ¿De verdad te interesa, mi subjetiva opinión? Pues yo digo que se vayan todos a la porra, porque es lamentable que tengan a tantos millones de personas pendientes de que solucionen un trámite necesario para el buen funcionamiento de la nación y ellos estén inmersos en enconar sus diferencias y dejar todo como estaba. Bueno, como estaba no. Lo han dejado todo patas arriba.

- ¿Qué solución crees que tiene esto? ¿Unas nuevas elecciones? ¿Que vuelvan otra vez al “gitaneo” de yo te doy tú me das? ¿Que el rey se lo proponga a los de la derecha y se abstengan los otros? ¿Que haya elecciones nuevamente para ver si nos convencen y no vamos ninguno a votar? ¿Qué crees que sería mejor, para que ellos, por una vez, cumplan debidamente con lo que es su obligación con todos aquellos que los hemos votado religiosamente?

- Una cosa te voy a decir: Ellos tienen la obligación de llegar a un acuerdo, activa o pasivamente, porque el pueblo les ha otorgado un mandato y esto pasa de castaño oscuro. Yo no voy a entender que se vayan de vacaciones y que no empiecen, desde ya mismo, a buscar una solución para este problemón que ellos han creado.

Si no son capaces de llegar a un acuerdo, si sus personalismos están por encima de su deber como gobernantes, si nos van a hacer votar hasta que salga lo que ellos quieran, hablo de unos y otros: azules, verdes, naranjas, rojos, morados, etc., que no vuelvan a presentarse a los próximos comicios y que dejen paso a otros u otras que tengan menos soberbia y más ganas de servir, que para eso vienen a la política: pasa servir, para sacrificarse y luchar y negociar, sin levantarse de la mesa hasta conseguir lo que sus votantes les han delegado: conseguir un nuevo presidente y un nuevo gobierno de la nación. Esto ya pasa de castaño oscuro y me da la impresión que estamos en manos de unos trepas ambiciosos y mediocres.

- No quiero afirmar taxativamente, porque en estos momentos estoy muy cabreado, pero, si son tan incapaces que la única solución es convocar nuevas elecciones, para que votemos las mismas “jetas” que en las elecciones anteriores, CONMIGO QUE NO CUENTEN, QUE SE VAYAN A LA PORRA.  

jueves, 18 de julio de 2019

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 14




¡Qué viva el vino!


Me gustaría dejar claro que, aunque intrascendentes, nuestras conversaciones no son un divertimento, sino una introspección personal del yo con la persona, conmigo. Las personas, normalmente, cuidamos nuestra imagen y hasta nuestras opiniones. Pero, interiormente además de alma o ánima, porque somos seres animados, tenemos una conciencia, una moral y una forma de ver la vida que, muchas veces, nos guardamos, porque en esa convivencia “pacífica” con los demás, no conviene expresarnos abiertamente. Eso es lo que yo pretendo con estas conversaciones que estamos teniendo y que, cualquier día nos enemistamos y dejamos de tener.

- ¿Cómo lo quieres? ¿Blanco o tinto?

- Personalmente, me encantan los dos, siempre y cuando sean del año y no estén pasados por roble. Me gusta el vino fresco y fresquito, aunque los doctos digan que hay que beberlo, sobre todo el tinto, a determinada temperatura. Aunque parezca una bobada, el vino es bebida de dioses. Por cierto, haciendo un ínterin en la conversación, me gustan las uvas un montón, sobre todo, recién cogidas de la cepa o de la parra. Están y saben exquisitas.

En cuanto al “traguillo”, recuerdo con simpatía aquella forma de tomar el vino, que contemplaba cuando niño. Cuando iba a la carbonería de la callejuela de la Hoz, siendo niño, a comprar picón para el brasero de la mesa camilla en el que nos calentábamos toda la familia, fundamentalmente las piernas, debajo de las faldas, siempre llamaron mi atención aquellos hombres que llegaban, pedían un cuarto, que les servían en una botella pequeña de gaseosa, se lo bebían como si fuera agua, en un instante, con fruición, con un gusto que yo, entonces, no entendía, y se despedían hasta el próximo trago. Recuerdo las tabernas, mucho más modestas que los bares, donde iba la gente humilde y acompañaba la bebida con los riquísimos “palomos” (patatas cocidas con picante) o el trozo de pepino y tomate y un largo inventario de ricos y humildes aperitivos. Eran otros tiempos.

Recuerdo a mi padre, pisando en el jaraíz de la bodega de Cendal, todas las vendimias y recuerdo hasta hacérseme la boca agua el rico vino de aguja, sin filtrar, cogido directamente de la tinaja por el bodeguero de Mayoralas y que parecía que tenía sifón. Riquísimo. Pura delicia. Hoy en día no le hago ascos a una buena copa de vino, en esas copas tan hermosas y tan bien concebidas para conservar y transmitir los aromas. Por cierto, sin falso patrioterismo, me gusta el vino de Manzanares, con preferencia, y el de la Mancha. El resto, los bebo si se tercia, pero estoy acostumbrado a los sabores de lo nuestro.

- Como siempre, me he ido de madre. Lo que yo quería decir es que, el vino es como una religión. Te lo puedo explicar, pero si no lo practico, “se nos va el vino en catas”. No digo que haya que emborracharse para dar ejemplo, pero, para quitarse la sed el agua o una cerveza, pero, para disfrutar, el buen vino de nuestra tierra. Que los que nos contemplan, observen que nos gusta lo bueno y nos vean con la copa en la mano, disfrutando de un blanco o un tinto, oliéndolo, paladeándolo, tragándolo y con un gesto de complacencia cuando lo ingerimos. No es agua. Es un manjar de dioses. Démoslo a conocer.

- ¿Que no te gusta? Presumo que te pasa lo que aquel que ve el arroz negro y se le figura que sabrá u olerá mal y, cuando lo prueba... Repite. No me cuentes pamplinas. Tú, bebe vino y no te ocupes del vecino. Nos vemos y nos oímos.

martes, 9 de julio de 2019

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 13




Los brazos


Querido YO, esta tarde, después de escuchar una homilía mariana y contemplar al Niño en brazos de su Madre, con alguna lágrima de más, recuerdo los brazos que ME mecieron, las manos que ME acariciaron, los labios que ME besaron, los oídos que ME escucharon y aquellos ojos que ME miraron y radiografiaron MI vida, aquel recuerdo que se quedó CONMIGO y que, solo es eso: RECUERDO, que no presencia, ni ausencia.

La recuerdo lavando en la “artesilla” sobre aquella tabla rugosa o fregando el suelo con la bayeta; un suelo de madera o de tierra y baldosas, que permitía devolver o compensar otras gracias recibidas en la familia. La recuerdo joven y, la recuerdo menos joven. La recuerdo dependiente y la recuerdo suficiente. La recuerdo velar mi sueño y la recuerdo despertándome a las tantas de la madrugada, para emprender, como cada lunes de madrugada, un nuevo viaje, alzando su mano desde la puerta del hogar, antes de que yo diera la vuelta a la esquina.

Son... tantos recuerdos, tanta añoranza, tantos deseos de volverla a ver y abrazarla. Seguro que solo te lo puedo contar a ti, porque cualquiera me dirá que no merece la pena perder el tiempo con los recuerdos, que hay que mirar hacia adelante y valorar todo lo que la vida tiene para uno un poco más allá, en el siguiente trecho del camino. Y llevarán razón. Seguro que he de dar gracias por tantos bienes, casi todos intangibles, pero muy valiosos y que he de considerar como regalos de dioses...

Pero esta tarde, quizás por desentonar, he recordado los brazos fuertes de MI MADRE y me ha dado por llorar... Solo un poco, pero me ha servido de consuelo. Perdóname, ha sido una debilidad que, quizás no se repita.