AUNQUE SOY DE LA MANCHA NO MANCHO A NADIE

Recopilación de artículos sobre Manzanares

martes, 26 de mayo de 2020

CONVERSACIONES DESDE MI CONFINAMIENTO – 3



Pentecostés

- Hace calor, YO. Y desde este confinamiento en fase 1, como persona de riesgo, a la que sus achaques le empiezan a pasar facturas de importes demasiado elevados, columbro que, esta primavera que se aproxima al estío, pasará, sin pena ni gloria en este caso, porque no he sido capaz de escaparme para contemplar la belleza del río que corre o las amapolas que, en su efímera vida, nos deleitan los sentidos.

        Pero no es ahí, donde quería llegar. Porque, si no lo aprendimos mal, a lo largo de la vida, Pentecostés, es la cincuentena de días que esperaron los discípulos del Señor, hasta la venida de su Espíritu. Porque, hasta un buen Cursillo en 2007, YO no había acertado a imaginar qué era eso del Espíritu Santo.

- Perdón, déjame intervenir: Lo cierto es que cada uno puede creer lo que quiera, pero es harto difícil creer en eso, cuando no has experimentado la Fuerza y el Poder de ese Dios Grande, que se manifiesta y fluye cuando quiere, pero que siempre está ahí, según YO creo, esperando que mejoremos nuestros modos, sensaciones y sentimientos, hacia EL y HACIA LOS DEMÁS, porque de NOSOTROS ya se encarga ÉL, cada día.

- Sí, dices bien, pero ¿qué ocurre con todos aquellos o aquellas, que no llegan a experimentar en sus vidas la FUERZA y el PODER, que ejerce en nuestras vidas ese PODER PARTICULAR, que se nos DONA a cada uno, en un momento particular de nuestra vida, sin que seamos capaces de presentirlo o adivinarlo?

- ¿Qué quieres que te diga? Bueno, sí te lo diré: Fue tan grande mi Pentecostés, ese que viví intensamente, muy cerca de nuestro pueblo, que, desde entonces, no ha habido tibieza humana, ya fuera célibe o no, que fuera capaz de mermar un ápice mi seguridad en una vida futura y la exigencia que, a cambio, no se me oculta, de entregarme sin condiciones a ser humilde testigo de la esperanza en ese mundo mejor para todos.

- Sin embargo, querido YO, te vas por la pata abajo, cuando presientes o intuyes que puede ser tu última hora, con esta zozobra del bichito que anda por ahí, en los estornudos del prójimo o la próxima.

- Me has tocado y hundido y hemos de terminar. Creo, Señor, pero aumenta mi fe. Te deseo un feliz Pentecostés, ya próximo. Que el Dios de la vida nos bendiga y proteja, para seguir caminando por esta Tierra un poco más.