AUNQUE SOY DE LA MANCHA NO MANCHO A NADIE

Recopilación de artículos sobre Manzanares

jueves, 5 de noviembre de 2020

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 30

 



¿Por qué y para qué?

 

- Querido YO, si no lo digo reviento, ¿Cuántas cosas tienes acumuladas que las compraste, las dejaste ahí o las guardaste y no las usaste porque las olvidaste?

- PERDONA-ME, pero, ¿cuántos libros, cuantos CD y DVD tienes archivados y no has llegado ni tan siquiera a hojear o escuchar o ver los primeros minutos, ni lo harás nunca?

- Perdón, mis disculpas, pero es que primero debería haberte explicado a qué viene toda esta agresión inicial de preguntón o curioso. Bien sé YO de qué pie cojeo o cojeamos.

Ocurre, que hacía muchos años que no desmontaba una casa o la veía desmontar. Se lo decía a mi mujer, que tantas mudanzas ha vivido, a causa de mi profesión, que rondaba casi la de feriante. Tres años aquí, dos allí, cinco en la otra parte... En este caso, se trata de deshacer una casa para comenzar obras, porque sus anteriores moradores murieron y un matrimonio joven quiere reformarla, para convertirla en su hogar.

Parece mentira, todo lo que vas descubriendo en este proceso. Porque no cabe duda que estás deshaciendo algo que han ido atesorando o acumulando otras personas, nuestros ascendientes, en épocas pasadas y a lo largo de toda una vida. Porque recuerdo aquellas mudanzas cuando niño... Ya sabes que siempre vivimos de alquiler, algo que no está de moda en la actualidad, porque quizás los alquileres actuales se diferencien poco con lo que supone pagar la cuota mensual de un préstamo, con el que vas pagando tu casa. Y, cuando niño, lo recuerdo con mucha nostalgia, una familia como la mía, necesitaba pocos medios de transporte para trasladar los cuatro cacharros que, aparte de las camas, una mesa camilla y cuatro sillas y un hermoso aparador, poseíamos como precioso capital que usábamos y que quizás comprábamos de segunda u octava mano. Eran otros tiempos.

 Ahora, empiezas a sacar cosas, olvidadas, por supuesto y, se eterniza el proceso de selección de lo que vale, lo que no vale, lo que estorba, lo que no cabe, lo que no nos gusta, lo que quizás se puede vender por cuatro perras, lo que pesa mucho, lo que...

Es eterno este proceso. No se acaba nunca. Hasta es posible que se te deslice alguna lágrima, por la añoranza o por el recuerdo que te trae esto o lo otro. Aquel recordatorio, este juguete, aquella bicicleta vieja, la caja de las pocas herramientas del hombre de la casa, tu padre o el suyo. Y se te hace eterno, doloroso, pesado, muy pesado, el proceso de desalojar o deshacerte de todo aquello que formó parte de la vida de una familia a la que perteneció un ser o persona muy querida para ti. Y te cansas y te hartas, porque nunca se acaba.

Y una y mil ves, te preguntas o le preguntas a tu media naranja: “¿PA QUÉ TANTO? CUANDO LLEGUEMOS A CASA, A NUESTRA CASA, VAMOS A HACER SÁBADO Y A SACAR TANTOS TRASTOS COMO TENEMOS NOSOTROS, PARA QUE NO LES OCURRA IGUAL A NUESTRAS HIJAS.

 - ¿Sabes? Ya he sacado un montón de periódicos y una bolsa de calcetines viejos, que tenía arrinconados en la cochera. Y cuando me recupere y tenga fuerza, seguiré con el proceso.

- A que no eres capaz de seguir con el proceso que me describes. Seguirás acumulando, como un Diógenes cualquiera y te olvidarás de que tenemos muchas cosas que no nos sirven para nada, pero que llenan huecos, que quizás nos harían falta para que corra el aire. Somos así.

- Oye. Que lo hago. ¿Nos apostamos algo?

- Vale. Lo dejamos. ¿De acuerdo? Pero no olvides que hay mucha gente que sigue estando como tu estuviste, con poco que llevarse a la boca o al bolsillo y que aspiran a acaparar lo que tú y los tuyos acapararon.

- Joer, ya estamos como siempre.


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