“Adioses”
Querido YO, ¿cómo llevas la primavera?
No sé qué decirte. Creo que un poco
melancólico, lo que me recuerda que, en esta vida nuestra, TUYA Y MÍA, hemos
vivido cientos, miles de despedidas, porque eso de estar fuera, más lejos o más
cerca de los seres queridos, nos ha originado, junto a esa hermosa familia que
un día formamos, infinidad de viajes, multitud de “ya estamos aquí” “ya hemos
llegado” “nos vamos” “hasta pronto” “volvemos dentro de tanto tiempo”, etc.
No ha sido mala mi vida trashumante, pero,
ahora, cuando me toca quedarme y ver como otros se marchan, comprendo que los
míos quedaran un poco preocupados y tristones cuando yo ponía el contacto de mi
coche o cogía la maleta y me encaminaba para la estación. Es imposible
acostumbrarse a decir adiós, una y otra vez y, hasta hay veces que uno se
resiste a comprender que ha nacido y, por suerte, vive, después de muchos años,
en donde siempre quiso vivir, pero vive en un lugar que nunca será
autosuficiente para conseguir que, como antaño, “la gallina tenga recogidos los
polluelos entre sus alas”.
Esta vida está plagada de adioses y, cuando
hace unos días, decíamos adiós a Jerónimo, recordaba otros adioses similares,
de personas tan queridas y tan importantes en mi vida, como mi padre o mi
madre, por poner algún ejemplo “sin importancia”.
Pero no todo ha de ser melancolía y añoranza, a
la vez que hartazgo de tantos viajes como solemos emprender ahora, porque
también, la vida, nos concede muchos “holas” como la llegada del amor, de los
hijos, de los nietos y hasta algunos o algunas, pueden presumir de decir hola a
la fortuna, muchos a la alegría y muchísimos más a la felicidad, que no suele
ser efímera, aunque quizás pasajera.
Ya, me imagino que todo esto es un rollo para
ti, que no quieres melancolía y prefieres la distracción y la jarana, pero es
que, si no te tuviera a ti, mi contrapeso, sería una pena de hombre. ¿Nos
tomamos algo?

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