AUNQUE SOY DE LA MANCHA NO MANCHO A NADIE

Recopilación de artículos sobre Manzanares

lunes, 24 de junio de 2019

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 11




Antes que me alcance el alemán 1 (AlzheimerAlzheimer)

- ¿Es broma? ¿O qué?

- Bueno... Es una respuesta que le escuché pronunciar hace unos días a un locutor de radio, justificando un olvido. Pero esto no va de enfermedades ni de olvidos. Va de recuerdos antiguos y modernos. Porque, antes que los años y los achaques nos hagan olvidar quienes somos ¿o debería decir quién soy?, me gustaría que, juntos, recordáramos, ahora que se aproximan nuestras Ferias y Fiestas, las ferias de nuestra infancia y juventud, que son las que me quedan más lejos. ¿Qué te parece?

- Pues, que no hay color, querido. Las ferias de hoy en día no tienen encanto, ni se percibe la ilusión de otros tiempos.

- A eso iba. En principio y, aunque sean reminiscencias del tardofranquismo, aunque lo solíamos ver muy de lejos y vestidos de “trapillo”, yo no olvido aquella proclamación de zagala mayor y zagalillas, la pompa y la emoción que traslucían. Hoy, cada año mejoran un poquito, pero creo que nunca volverán a ser tan “ceremoniosas”.

Y si quieres que siga desempolvando recuerdos, vienen a mi memoria las ferias que tuvieron trágicos recuerdos de niñez, en una humilde vivienda, frente a la ermita de la Virgen del Carmen. Aquella feria, una noche, solo quedamos en casa mi madre y yo. El resto de vecinos marcharon a disfrutar de la feria y, mi padre, estaba lejos del pueblo, segando a destajo. Aquella noche, mientras dormíamos, unos cacos robaron en las viviendas vecinas y recuerdo el despertar, cuando llamaron por la ventana de nuestra alcoba los guardias civiles. Esa es una pequeña descripción de un mal y vago recuerdo.

Después, si quieres que te haga sonreír, recuerdo una de las primeras ferias provinciales del campo. Una tarde, con permiso de mi madre, marchamos mi hermana y yo a verla y, como niños, tanto nos deslumbró el recinto y todo lo que allí veíamos que, aunque oía por los altavoces, “unos niños que se han perdido acudan a la entrada”, no lo asociaba a mi persona y menos a mi pequeña hermana que venía “a mi cuidado”.

Recuerdo aquellas tardes de solanera y calor, el tractor del Ayuntamiento, arrastrando el remolque-cisterna, que casi embarraba los paseos de tierra por donde, unas horas más tarde, discurrirían las personas ávidas de disfrutar con todos sus sentidos de tantas cosas como, una vez al año, nos traían los feriantes.

Después, más joven, recuerdo aquellos bailes, con las mejores atracciones del momento en la Caseta Municipal vs Pérgola, las mejores películas que se proyectaban en Manzanares esos días, en los cines de verano (Recreo, Martín, Escala, Parque, etc.). Los circos, los “caballitos” o carruseles, el trenecillo, las sillas locas, los autos de choque, los pim pam pum, los chamizos, las berenjenas, las deliciosas “patatillas”, los camarones, el coco, las porciones de turrón, duro o blando. Mucho después, los bares ambulantes con los famosos pollos asados, toda una delicia para disfrutar en aquellos tiempos. Las casetas con juguetes, toda una novedad, dos veces al año, porque solo había juguetes en Manzanares para Reyes y para la Feria.

Hoy ya no queda nada de aquello. Sobre todo, la ilusión con que esperábamos la feria, lo pendientes que estábamos, cuando ya empecé a trabajar, de la revista que vendían en la Imprenta Rodríguez, que leía ávidamente para descubrir toda la programación ferial. Las mañanas de feria en la Plaza, calle Cárcel y Paseos del Río. No había baile del vermut, pero estaba casi todo abierto y, un simple refresco, a esa hora del mediodía, te sabía a gloria. Eso o los famosos refrescos y polos de hielo rallado de Marcos o las berenjenas de Santos o la bolsa de patatas de la Brava.

No sé si es que, cuando llegamos a mayores, tendemos a recordar la infancia y juventud mejor que cualquier otra época de nuestras vidas y las magnificamos, pero creo que “el alemán”, todavía no se ha apoderado totalmente de mi cabeza. ¿Cómo estás tú?    






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