- Perdóname YO, pero, los últimos meses
se me han pasado, lacónicamente, en un duermevela interminable, en el cual, ni
haces ni dejas hacer. Es un abandono, un esperar y no saber qué.
- Tienes razón porque, han ido pasando
las fases, una tras otra y, de pronto, nos hemos encontrado con una
“normalidad” que no es normal. Porque lo cierto es, que el virus o coronavirus
no se ha ido, está ahí, como lo estaba al principio, sea este en la fecha que
cada uno quiera atribuir. Se producen rebrotes, nuevos confinamientos aquí y
allá y, qué quieres que te diga, parece que seguimos esperando algo inesperado
y casi siempre peor que lo que tenemos.
- Es curioso que no haya habido Feria y
Fiestas y casi todos lo veamos tan normal y, supongo que, la mayoría pensábamos
que, en septiembre, para Jesús, nos desquitaríamos y disfrutaríamos de unas
hermosas Fiestas Patronales, aunque no haya ni una terraza en la Plaza y el
verano esté pasando, sin pena ni gloria, a la espera de que nos digan que han
encontrado el remedio del mal. Como si esperáramos algo inesperado, sin ninguna
fe en que lo vayamos a encontrar.
- Por cierto y ya que lo mencionas, no
me explico lo de la Plaza de las Palomas, desierta de la algarabía y el
colorido que dan al verano esas terrazas de bares y heladería, en el que
solazarse, descansar, refrescarse y reponer fuerzas, al tiempo que cotillear o
escuchar un concierto o una representación o... qué se yo.
- Lo cierto YO, es que esto es raro,
pero raro, raro, raro. Y más cierto, es que no hay nadie que parezca dispuesto
a animar el cotarro. Se impone la prudencia y repartirse cada cual por esas
terrazas que han surgido, sobre todo por la zona del Gran Teatro y las
tradicionales de los Paseos del Río y tratar de plantar cara a lo que vaya
viniendo.
- Bueno, tampoco TÚ te podrás quejar,
porque llevas un verano de enclaustramiento hogareño que, con poco que te
descuides, va a parecer que eres un recluso voluntario. Realmente hay que ser
precavidos, pero no debes sugestionarte con tanto contagio como cada día acude
a las notas de prensa y las pantallas de televisión. El día y la hora no lo
sabemos, y hay que vivir, precavidos, pero un poco libres.
- Tienes razón, pero cuando te relatan
cómo han muerto los por desgracia afectados y afectadas, te causa un cierto
pavor intentar ponerte en su pellejo. Lo cierto es que, será lo que Dios quiera
y habrá que seguir viviendo el tiempo que nos quede, pero con cuidado de no
descuidarnos, porque tiempo habrá de marcharnos para siempre.

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