AUNQUE SOY DE LA MANCHA NO MANCHO A NADIE

Recopilación de artículos sobre Manzanares

viernes, 23 de agosto de 2019

CONVERSACIONES DE YO CONMIGO - 16




¡Qué coñazo!

- Querido YO, hoy la cosa va de teléfonos. ¿Te apetece que hablemos de ellos?

-Recuerdo hace muchos años. Demasiados. YO empezaba a trabajar en una de las notarías de Manzanares. Llegaba de la escuela, prácticamente un niño de una casa en la que no había muchos adelantos de los de entonces. En el día a día, llegó un momento en que sonó el teléfono, recuerdo que era el número 777 de entonces y, el jefe, oficial mayor, me ordenó que lo atendiera yo. Da la casualidad que nunca había cogido un auricular de teléfono y mucho menos tenía soltura para responder a la llamada. Muerto de miedo, como si me fuera a comer, respondí con el “dígame” de rigor y ahí se rompió mi “virginidad” con respecto a este aparatejo que, a día de hoy, se ha convertido en uno de los acompañantes imprescindibles de todo humano que se precie y con el que, los niños empiezan a jugar desde la cuna.

Después llegó mi larga estancia fuera de Manzanares y, hasta tener casa propia en Valdepeñas, no tuve teléfono en casa. Sí lo tenía en mi lugar de trabajo y aún no habían llegado los móviles que tuve allá por los 90’. En un momento de mi vida profesional, se convirtió en un intruso en mi intimidad, porque estaba localizable para mi empresa las veinticuatro horas y el teléfono y las llamadas las pagaba yo. Ahora, con estos avances tan impresionantes, los teléfonos móviles o smartphones son algo así como un ordenador de bolsillo, con Internet a todas horas y mensajería instantánea, al que recurren también mis nietas para distraerse o jugar. Por lo que actualmente el teléfono y la cuota mensual los pago yo, pero compartimos el uso y la propiedad “mis niñas” y yo.

Otra cosa que me molesta sobremanera es la forma en que se cuelan en la intimidad de mi casa, vendedores y “pedidores” de todo tipo, sin atenerse a horarios ni las más mínimas normas de cortesía. No hay derecho que ellos se aprovechen de mi inversión y mis gastos para tener entrada gratuita a mi hogar, sin el más mínimo respeto y, si se tercia, en caso de no interesarles lo que respondes, te cuelgan sin despedirse. No hay derecho.

A lo que iba. Al igual que en el caso de los coches, creo que actualmente abusamos y no reparamos en gastos y, en una casa, raro es el miembro de la unidad familiar que no tiene su propio teléfono móvil. Tanto los niños como los mayores, parece que hemos nacido con la cabeza baja. Solo sabemos hablar con los dedos y es el único medio de relacionarse. Prácticamente ya no se habla por teléfono. Se wasapea y ya está. Todos los excesos son malos, pero de este, es excesivo el uso y abuso que se hace. No sabemos salir a la calle sin el móvil en el bolsillo o el bolso y si lo perdemos de vista un momento, lo buscamos más que si se nos hubiera perdido la cartera. Es sorprendente este fenómeno que, supongo, no quedará aquí, porque ya están experimentando con terminales más grandes, más flexibles, enrollables y desplegables. ¡Qué barbaridad!

- Bueno, yo creo que estas pasado de fecha como los yogures caducados. Tienes que ir con los tiempos. Anda déjame el móvil que voy a ver el partido que transmiten por un portal de Internet.

- Claro, claro. Faltaría más. Toma y disfrútalo.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario